Carlos Salinas fue uno de los delanteros tucumanos que consiguió trascender las fronteras de la provincia y hacerse un lugar en el fútbol grande de la Argentina. Su velocidad, capacidad para gambetear y facilidad para encontrar el arco fueron las principales características de un jugador que llegó a vestir las camisetas de River y Boca.

Su historia comenzó en Club Central Córdoba de Tucumán y luego continúo en el barrio Ciudadela, muy cerca de la cancha de San Martín. Allí realizó sus primeros pasos y posteriormente continuó su formación en Gimnasia de Jujuy. Sus actuaciones despertaron rápidamente el interés de River, que decidió incorporarlo a sus divisiones inferiores en 1974.

En el conjunto de Núñez tuvo la posibilidad de jugar en Primera, aunque nunca consiguió la continuidad que pretendía. El propio Salinas explicó años después que los cambios de posición y la presencia de Norberto Alonso limitaron sus oportunidades. Su salida de River, sin embargo, no significó el final de su recorrido por los grandes.

Un talento que encontró su lugar

El salto decisivo llegó con Boca, donde encontró un escenario propicio para demostrar sus condiciones. Bajo las órdenes de “Toto” Lorenzo, el tucumano se convirtió en una pieza importante de un equipo que terminó conquistando la Copa Intercontinental de 1978. También integró la Selección juvenil que disputó el Sudamericano de Perú en 1975.

Después de su etapa en Boca, Salinas continuó su carrera por Independiente, Deportivo Pereira, Independiente Medellín, Racing de Córdoba y Alumni de Villa María. Su recorrido profesional terminó prematuramente, pero su estilo de juego y los grandes escenarios que alcanzó dejaron al tucumano como uno de los nombres más recordados de su generación.